A la DIVISIÓN CASTILLEJOS…WELCOME

Bienvenidos a Huesca, dicho sea desde lo más profundo del corazón canoso de alguien que, como todos vosotros, y hace ya la friolera de cuarenta y cinco años, tras haber aprobado una difícil oposición, fue expulsado de Madrid, su patria, la ciudad de sus estudios y afectos, hasta aquí, casi el Finisterre patrio.
Fue terrible en su momento para nosotros, andaluces, el saber que nuestros dos queridos hijos pequeños tendrían que comenzar a andar en una tierra totalmente desconocida. Como terribles fueron las inolvidables palabras que tuve que oírme de mi joven esposa, que, sacada por fuerza de las cosas de su querida Ceuta y amamantando aún, al enterarse de nuestro destino, dijo con lágrimas en los ojos algo así como…”esto me lo vas a pagar, esto no se hace”.
Ay, las pobres esposas de nuestros militares y que ajenas a la vocación de sus amados, tienen que hacer y deshacer maletas de destino en destino, teniendo que sufrir calladamente, en silencio, la continuada amputación espiritual de los traslados, el inconsolable desarraigo para sí y los suyos. Compañeros militares he tenido que han conocido/sufrido hasta diecisiete destinos diferentes a lo largo de sus vidas profesionales.
Son recuerdos del Jurásico, bien es verdad, pero que me hacen desenvainar la pluma, ante la historia cercana que se repite, viendo como cientos de compañeros, puede que felizmente instalados en otros lugares, han de trasladarse con los suyos acá, vista desde allá, como nosotros podíamos verla…”donde las nieves y los osos, junto a Francia, en la frontera, por encima de Zaragoza”.
La historia de mi propia historia, tras ser destinado a su Clínica militar allá por el setenta y seis del pasado siglo.
Pero eran otros tiempos, aunque la ciudad, como ahora, no pudiera ofrecernos ni tan siquiera una habitación donde meternos, a pasar de que la situación militar estuviera perfectamente consolidada con dos Regimientos, un Gobierno y una Clínica con cuarenta y dos camas, quirófanos, radiología y laboratorio de análisis, así como toda una infraestructura de viviendas militares de apoyo totalmente acordes con las necesidades del momento. Permítaseme estas pinceladas sobre el pasado, que haga de abuelo Cebolleta.
Pues bien, todo aquello, perfectamente operativo, un buen día, por obra y gracia de algún Iluminado, se decidió desmontar, de la misma manera que se hizo con la Sanidad militar y tanta y tanta otra cosa, hasta que, poco tiempo después, el sabio tiempo que todas las cosas bien hechas vuelve a ponerlas en su sitio, Gracián dixit, puede que viendo que el enemigo pudiéramos tenerlo más aún por el norte que por el Magreb, decidió enmendar su error.
Sed bienvenidos por eso, decía. Venid en otros tiempos, queridos compañeros, ya no os vais a encontrar los cuarenta pavos reales que haciendo sus paradas nupciales y con sus peculiares chillidos de amor encontré dándome la bienvenida en nuestro fabuloso parque Miguel Servet, construido hacia 1.930 por su inolvidable alcalde D. Vicente Campo. Por el contrario, entrando por donde la residencia de ancianos de las monjas del Pilar, os sorprenderá una pancarta con una llamada de auxilio en su frontispicio…”No nos hagan invisibles”, dice. Y, si entráis por donde la Guardia civil, encontraréis otra tan chocante como la anterior…”Osca, ciudad bilingüe”, dice.
Pero tranquilos, que ni lo uno ni lo otro es verdad. Que por aquí, por el Altoaragón, en “la síntesis de todas las Españas”, como alguien tiene sabiamente dicho, ni tenemos la costumbre de abandonar a nuestros mayores, aunque los políticos hayan podido hacerlo, ni nadie, excepto una minoría muy minoritaria pretende respirar por ninguna herida de ninguna lengua arrojadiza.
Así es que tranquilos por eso. Porque venid a una tierra que ,como la andaluza, la mía, está mucho más acostumbrada a vivir y dejar vivir, de manera que cualquier nacionalismo, tan de moda, más o menos excluyente que pudiera surgir, está tan condenado al fracaso como estuvo aquél despistado Partido Andalucista.Aquél pobrecillo que por despistado, ya quedó hace tiempo en la cuneta de la historia y las tonterías imposibles.
Sabed que entre vuestra llegada y la llegada del Tío del saco, la Pandemia, ya nadie habla de los políticos y sus corruptelas; la gran preocupación de todos los españoles hasta entonces. Los políticos hasta incapaces de contarnos debidamente todos nuestros muertos. Pero sabed también que aunque estéis aterrizando en días de gran desconcierto social y nacional, Huesca estaba muy necesitada de que alguien de vuestra envergadura pudiera plantar un árbol así, tan frondoso, del que poder comenzar a recoger sus frutos.
Por todo ello, yo y los míos, aunque el estado de las cosas no nos permita tener ninguna puerta abierta a nadie, y menos a una División entera de “gente muy positiva”, permitidme de nuevo, estas palabras de bienvenida de alguien que, aunque ningún humano saliera a dársela en su día, hace muchos años, ha sabido encontrar un cachito de felicidad terrenal entre estas acogedoras gentes y montañas. Viviendo entre la serenidad de esta pequeña ciudad, puede que hasta con sus carencias, pero que nos ha permitido criar a los hijos de la mejor manera posible. Lo realmente importante en la vida.
Animo, amigos/compañeros militares, que vuestra “deportación” más o menos forzada a Huesca, ya lo iréis comprobando, no ha sido sino un feliz confinamiento hacía un Paraíso. No lo viváis como aquellos griegos que creyendo el destierro como un castigo o una mutilación, preferían incluso, antes bien, arrojarse al cráter de un volcán, según nos relata Empédocles de Agrigento.
Como nosotros mismos nos trajimos, vosotros es seguro que os “traéis el contenido de vuestras almas”, la mejor de las drogas y de los equipajes posibles,como también decían ellos.
Por eso, ya lo veréis, todo va a ser mucho más fácil de lo imaginado.
Bienvenidos y feliz año para todos vosotros y vuestras familias…dentro de lo que hay.
 
Luis Manuel Aranda
Comandante médico jubilado
 

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